pla de lectura 2020
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Per què llegir

bernat-puigbotella

Carlos Zanón

Lee, busca, enamórate

 
 

No te gusta leer hasta que no te enamoras de un libro. El resto de tu vida sigues buscando volver a enamorarte así.

Todos los buenos libros hablan de ti sin necesidad de haberte conocido. Te explican, te ofrecen la comprensión de tu vida. Todo lo que no sabes y no entiendes de ti pero intuyes, hubo un hombre o una mujer que quizás viviera hace doscientos años, en un país lejanísimo del tuyo, en otro idioma y sociedad, que te ha leído por dentro, te entiende y no te juzga. Quizás utilice una ballena blanca, a Childe Harold o el fantasma de un padre muerto, pero habla de algo que eres tú, en un orden extraño de mirada oblicua, en apariencia caótica o diletante, pero que enseguida reconoces como lo que es: una revelación.

De niño no me gustaba leer hasta que mi padre me regaló Los tres mosqueteros. Siguió sin gustarme leer, pero leía una y otra vez Los tres mosqueteros. No te gusta leer hasta que no te enamoras de un libro. El resto de tu vida sigues buscando volver a enamorarte así. Y lo consigues. Te enamoras cientos de veces entre decepciones, abandonos, libros de una sola noche y libros concertados sin amor. Las quince, veinte primeras páginas bastan, como bastan los primeros besos para reconocerlo. El resto es mala literatura o ni tan siquiera eso: saliva y torpeza.

Solo leyendo rápido te diviertes. Has de practicar. Leer sin darte cuenta, como respirar, porque los buenos escritores escriben al respirar. No es necesario conocer el significado de todas las palabras sino descifrar el misterio que se crea al juntar esas palabras en una ficción autobiográfica. Alguien habla de ti hablando de él, de su familia, su tribu, su barrio, su país, su imaginario planeta rojo o un amigo robot. No sé cómo sucede pero sucede.

Los buenos libros no sermonean ni te riñen, tampoco te humillan y no conocen los celos. Los buenos libros son escritos por gente que perdió, se cayó para luego levantarse y encontrar el arrojo suficiente para escribir el testimonio de esa caída, su redención, pagar la factura del casero, lo nobles o mezquinos que fueron o a qué olían las manos de su abuela. Los buenos libros te acompañan, te desvelan, eligen a sus lectores uno a uno. Los buenos libros te liberan de ser solo tú y para siempre. Los buenos libros zarandean convicciones y certezas, escupen a la cara a los poderosos que solo son una baraja de naipes.

Leo porque quiero parecerme a la gente que lee. Todas esas mujeres y hombres fuertes y maravillosos que leen me parecen tan atractivos, de una radicalidad individual tan hermosa, y, a ratos, sexual, que no puedo evitar desear poseer sus cabezas y sus corazones, tratar de enamorarlos del mismo modo, demostrarles que puedo ser un niño atravesando África, Tom Sawyer irrumpiendo en su propio funeral, el quinto mosquetero.